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El Maná de la Torá por Dr Ketriel Blad


MiKets 10-3

Al final

Génesis 41:39-52

Y al primogénito José le puso el nombre de Manasés, porque dijo: Dios me ha hecho olvidar todo mi trabajo y toda la casa de mi padre. Y al segundo le puso el nombre de Efraín, porque dijo: Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción.

(Gén. 41:51-52 LBLA)

¿Hay alguna relación entre aflicción y fruto?

Cuando Yosef había sido elevado al puesto más alto del mundo de entonces, con la excepción del faraón que le había dado ese poder, pudo formar una propia familia nueva y así logró olvidarse de la casa de su padre. No es que se olvidara de su padre y sus hermanos, sino que por la felicidad que ahora experimentaba ya no añoraba con nostalgia la vida de su juventud. Ahora tenía una esposa y un hijo y así su alma se quedó muy feliz. El nombre Menashé que puso sobre su primogénito da testimonio de ello.

El segundo hijo de Yosef recibió un nombre que revela un secreto muy profundo. El nombre Efrayim es la forma dual de la palabra hebrea efratאפרת, fecundo – que viene de la raíz pará פרה   que significa dar fruto.

Este segundo hijo de Yosef fue luego escogido de manera profética para ser mayor que su hermano. La primogenitura de Israel pasó a este hijo, según 1 Crónicas 5:1-2. Aunque Yehudá tenía el papel de dirigente entre los hermanos, y de él vino el Mesías, no recibió la primogenitura. La primogenitura pasó a Efrayim.

En esto hay encerrado un gran misterio que no tenemos la posibilidad de desarrollar aquí. Sólo quiero destacar el hecho de que su nombre revela algo muy hermoso, según aparece en la boca de Yosef: “El Todopoderoso me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción.” Hay una relación importante entre la aflicción y el fruto.

 Desde los 17 hasta los 30 años de edad, Yosef había sufrido en la tierra de Egipto. No sólo por estar sin la familia de su padre, sino también por la idolatría y otros pecados que le rodeaban en tierra extranjera. Era de verdad la tierra de su aflicción.

Sin embargo, en medio de esta aflicción había aprendido la lección de producir fruto para el reino de los Cielos. Su fidelidad y amor contagiaba a todas las personas en su alrededor y la Torá nos muestra también cómo la fe de Yosef en varias ocasiones fue pasada a los que le rodeaban. El Eterno le estaba haciendo fecundo en medio de las aflicciones. Yosef daba fruto por todas partes. La pregunta surge si hubiera dado el mismo fruto sin todo ese sufrimiento. Estoy seguro que no.

Cuando el alma de un justo enfrenta la aflicción de la manera correcta siempre produce un fruto duradero. Esta ley espiritual está nombrada en el segundo hijo de Yosef, Efrayim. Efrayim representa todo el fruto que viene de la aflicción de un justo.

Como el nombre Efrayim es dual, nos habla de dos tipos de fruto en medio de la aflicción. En primer lugar es una indicación profética acerca de lo que iba a pasar con el Mesías hijo de Yosef, que daría muchísimo fruto por medio de su aflicción. Todas las almas salvadas de la destrucción eterna serán el fruto del sufrimiento del Mesías.

El segundo tipo de fruto que está codificado en ese nombre tiene que ver con el futuro de los descendientes de Efrayim y todos los que están representados por él. El mundo todavía no ha visto mucho del plan que el Eterno tiene para este hijo primogénito de Israel. El mundo ha visto la bendición que ha venido por Yehudá – el pueblo judío – pero como la tribu de Efrayim, el hijo primogénito de Israel, fue asimilado entre las naciones gentiles junto con otras nueve tribus, no se ha visto todavía el gran propósito divino con su primogenitura.

El nombre Efrayim representa el gran fruto que se producirá durante la gran tribulación, los siete últimos años antes del regreso del Mesías. Será un fruto tan grande que nadie podrá contar, como está escrito en Revelación 7:9-17: “Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Y clamaban a gran voz, diciendo:  La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes, y cayeron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: ¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. Y uno de los ancianos habló diciéndome: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Y yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, ni el sol los abatirá, ni calor alguno, pues el Cordero en medio del trono los pastoreará y los guiará a manantiales de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.” (LBLA)

No huyas de las aflicciones, ni pienses que son impedimentos para el propósito del Eterno en tu vida. Son el abono que el Eterno ha puesto para dar fuerza y vigor al fruto que se está produciendo en tu alma y en tu alrededor.

Que el Eterno nos dé entendimiento para no lamentarnos más de las aflicciones sino ver el fruto de la aflicción de nuestras almas y quedarnos satisfechos,

          Ketriel