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El Mana de la Tora por Dr Ketriel Blad


Noaj 2-4

Descanso

Génesis 8:15 – 9:7

Y edificó Noé un altar al SEÑOR, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocaustos en el altar. Y el SEÑOR percibió el aroma agradable, y dijo el SEÑOR para sí: Nunca más volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque la intención del corazón del hombre es mala desde su juventud; nunca más volveré a destruir todo ser viviente como lo he hecho.

(Gen 8:20-21 LBLA)

¿Cómo puede el Eterno deleitarse en la quema de seres inocentes?

¿Qué tipo de Ser Superior se está presentando en las Escrituras sagradas? ¿Cómo es posible que él se pueda deleitar en el sacrificio de animales inocentes cruelmente sacrificados? ¿No será una manera muy primitiva de servir al Eterno, con sacrificios de animales?

En primer lugar tenemos que entender que el sacrificio de vidas inocentes no formaba parte del estado original de la creación donde todo era bueno en gran manera (Gén. 1:31). El derramamiento de sangre de animales inocentes se introdujo por el mismo Creador en el día cuando los hombres pecaron. Para cubrir su desnudez, Él sacrificó uno o varios animales para poder vestir a los hombres con ropas de piel. Así que, el derramamiento de sangre inocente es parte de un mundo donde el pecado ha sido introducido. En este mundo caído el derramamiento de sangre es necesario para poder ser aceptados delante del Eterno. Esta verdad fue la que hizo que Hevel (Abel) sacrificó animales delante del Eterno. Por el derramamiento de sangre inocente él fue aceptado como agradable delante del Todopoderoso.

Ahora, ¿es que el Todopoderoso se agrada de la muerte de vidas inocentes? No, no es así. No es un Ser Superior con deseos de ver sangre. Él no se deleita en el sufrimiento de los seres preciosos que Él ha creado. Él no es cruel de ninguna manera, ni desea la muerte de los inocentes, ni de hombres ni de animales.

¿Entonces cómo es posible que esté escrito que el Eterno consideró agradable el olor de unos animales quemados enteramente sobre fuego? ¿Será que a Él le gusta el olor de carne quemada? ¿O será que Él necesita comer de esos sacrificios? No, no se trata de nada de eso.

De lo que aprendimos antes de los sacrificios de Caín y Hevel podemos destacar una verdad muy grande. No es el sacrificio en sí que agrada al Eterno, sino lo que hay detrás de ese sacrificio. Lo que había detrás del sacrificio que ofreció Noaj fue un corazón muy agradecido por la salvación. No fue el olor de la carne que llegó ante el Eterno sino el olor del corazón de Noaj. La gratitud de Noaj se expresó en el sacrificio de esos animales limpios que servían para sacrificio delante del Eterno. Esa gratitud expresada en carne quemada de animales inocentes produjo una aroma agradable para el Eterno.

El único camino al Eterno es a través del sacrificio. La justicia del Eterno exige la muerte del pecador, pero cuando hay un sustituto que es sacrificado, el pecador arrepentido es perdonado y aceptado. Todos los sacrificios de animales apuntan hacia la muerte expiatoria del Mesías. El Eterno no se deleita en el sacrificio de un hombre, pero su justicia exige la muerte del pecador. Un animal no es suficiente para pagar por el hombre. Por eso se introdujo el sacrificio del Mesías Yeshua con el fin de completar los sacrificios de los animales y perfeccionar la redención del hombre.

Todo el que quiera ser agradable delante del Eterno tendrá que sacrificar algo de lo que tiene. En el holocausto todo el animal es sacrificado. El animal representa al hombre. En un holocausto, o sacrificio de ascensión – en hebreo olá – el hombre expresa que él debería haber sido sacrificado por su pecado, pero el animal entra en su lugar. También expresa que él no tiene el derecho de su propia vida, sino toda su vida pertenece al Eterno. Con las ofrendas de ascensión de estos animales limpios, Noaj mostró que toda su vida pertenecía enteramente y exclusivamente al Eterno y esto fue lo que produjo la aroma agradable en los cielos.

Querido discípulo del Mesías, entrégate enteramente al Eterno como una ofrenda de ascensión. No dejes que ninguna parte de tu vida sea reservado para ti o para otros, sino sólo y exclusivamente para el Eterno. Sé tú un sacrificio vivo, santo y agradable para el Eterno y así serás una aroma agradable para Él.

Que el Eterno nos ayude a ser sacrificios agradables todos los días de nuestras vidas,

Ketriel